|
Este
relato me lo envió mi amigo Denis al que le hice la flauta que acabais
de ver. 
EL CEREZO QUE QUISO SER FLAUTA
Esta pequeña historia, importante para mi, empieza
un día de septiembre del 2006, cuando, subido en un destartalada camioneta,
después de haber apilado en su cuna más de 4.000 kilos de leña,
destinada alimentar el fuego sagrado en nuestros temescales, llegó a mis
manos un tronquito, regular y rectilíneo, de madera de cerezo. No pude
más que sorprenderme y sin palabras le pregunte: ¿qué haces
tú aquí, entre tanta madera de encina?.Sin más, lo coloque
con el resto de la leña perdiéndose al final entre ella.
Llegados
a nuestro destino, descargamos aquel gran montón de madera y
, para
mi sorpresa, de forma casi mágico, como si azar o tal vez el destino estuviera
trabajando incansablemente, llego nuevamente a mis manos aquel tronco de cerezo
que parecía tener alma propia. Tuve una increíble sensación
de suerte, aquella que uno siente cuando, después de haber caminado largo
tiempo por una concurrida calle, se da cuenta que ha perdido algo importante,
vuelve sobre sus pasos y
. ¡¡¡¡AHÍ ESTA¡¡¡¡.
En ese preciso instante, sentí
que el tronco de cerezo "quería venir conmigo". Lo separe del
resto de la leña sin saber muy bien cual sería el destino último
que le daría, podría ser una chanupa, un bastón de mando
o simplemente un tronco que como otros tantos ardería en el fuego de un
temascal
Pasaron casi 2 años.
En más de una ocasión, aquel tronco de cerezo cayó en las
llamas del fuego, pero siempre, en el último momento, sin saber por que
yo lo veía y lo salvaba. Algo dentro de mi me decía que la misión
de aquel pedacito de madera era otra muy distinta. Sentía que era especial
e importante, pero no sabía por que. Así que decidí guardarlo
de manera que nadie pudiera cogerlo. Tenía la certeza de que algún
día, no sabía ni cuando ni como, aquellas "casualidades"
que hacían que un simple trozo de madera, cayera continuamente en mis manos,
adquirirían un sentido. Hasta que conocí a mi buen amigo Ramón,
virtuoso en el oficio de fabricar con sus manos instrumentos para hablar con el
mundo y el Gran Espíritu Creador.
Entonces
lo supe, no era el azar, ni la casualidad, aquel tronquito de madera de cerezo
había decidido hacía dos años que el sería mi flauta
ceremonial.
Gracias Ramón,
por tu vida y dedicación en este arte de crear instrumentos mágicos.
Gracias a ti Sagrario, por ser un bellísimo ser de luz, sin ti nunca
hubiera tenido la necesidad y fuerza para aprender a tocar este maravilloso instrumento. Y
sobre todo Gracias al Gran Espíritu, por haber tejido y hecho posible esta
mágica historia, que es de todos y aún no ha acabado. Aho
. 
|